El bosque nos deja ver los árboles de Tanglewood

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Parece perfecto que la Orquesta Sinfónica de Boston (BSO) se mude al oeste cada verano, al extremo opuesto de Massachusetts, y se asiente en una localidad llamada Tanglewood. El nombre Tanglewood, de resonancias míticas, procede de la casa de campo del escritor Nathaniel Hawthorne donde escribió el libro para niños "Cuentos de Tanglewood" en 1853. Tanglewood es al mismo tiempo misterioso y cautivador. Si se combinan las palabras Koussevitzky, Festival de Jazz, Boston Pops y Seiji Ozawa, el resultado es Tanglewood en una alegre mezcla de culturas. ¿Frívolo? Quizá. Pero es un hecho que si se intenta determinar concretamente de qué va Tanglewood, aparece algo nuevo. Por lo menos la temporada de verano al aire libre supone un vigorizante refresco para todos los implicados. El Jefe de Sonido en Tanglewood, el Dr. Douglas McKinnie, ha trabajado en la sala principal del lugar, Koussevitzky Hall, durante veinticinco años: “Empecé aquí como trabajador en prácticas cuando era estudiante. La música es de una calidad tan excelente que siempre me las he ingeniado para participar en la temporada de verano”. ¿Y quién se lo reprocharía?

“El anfiteatro de Tanglewood se llama Koussevitzky Music Shed y se inauguró en 1938. En 1959, Leo Beranek modificó la acústica a través de su empresa BB&N. “Tengo que decir que esta sala tiene mejor acústica que muchas salas modernas. El antiguo cobertizo (que es lo que significa "shed") es uno de los primeros que se construyeron en EE.UU. como glorieta veraniega para banda de música. Se abre verticalmente unos nueve metros y por encima tiene un gran volumen cerrado”. La marquesina abierta a los lados cubre un área de asientos para cinco mil personas. A diferencia de otros recintos, situados en un terraplén cubierto de hierba en pendiente, Koussevitzky está rodeado de un campo de césped plano y abierto y, en una buena noche, otras quince mil personas pueden disfrutar del concierto. “Existe una reverberación de varios segundos y hay muchos reflejos alrededor de la glorieta de la banda. Es un lugar ideal para orquesta, sobre todo si la interpretación incluye cantantes de ópera, pero no es tan bueno para el refuerzo de sonido”.

Pero, como explica el Dr. McKinnie, se necesitaba refuerzo de sonido desde el principio. “Hay unas tres actuaciones de la Sinfónica de Boston cada semana. A menudo, antes de que actúe la orquesta, hay una disertación relacionada con el concierto, que puede ser un debate sobre el programa o una conferencia sobre música. Con un tiempo de reverberación de varios segundos y siete u ocho micrófonos abiertos en el escenario, puede ser muy problemático. A lo largo de los años, hemos presionado para solucionar esa situación. La premisa inicial de los administradores era "¿‘Por qué necesitamos un sistema PA grande para aportar un poco de refuerzo al discurso?". La respuesta es la directividad. Contamos con un musicólogo que viene habitualmente, ha hecho muchas presentaciones en salas de conferencias y normalmente sólo necesita dos altavoces sobre trípodes. Nos pregunta: "¿Por qué el sonido es tan malo cuando doy una conferencia en este recinto?". Como es un hombre muy influyente, su queja llegó a oídos de la administración y les convencimos para probar una solución de fuente puntual más grande. Acudí a Mike Weirich y John Geritz, de SAVI, y adopté una postura de alguien sin conocimientos sobre refuerzo de sonido y les pregunté: si quisierais proporcionar dos altavoces sobre trípodes para una presentación y conseguir una buena inteligibilidad en este recinto ¿qué haríais? John colocó dos stacks de altavoces C4/C7 de d&b audiotechnik como sistema portátil para los actos con discurso y lo utilizamos toda una temporada. Fue una gran mejora. El proceso siguió su cause de la manera más lógica, y terminó volando el sistema y mejorando su desarrollo para ajustarlo aún más a las necesidades del recinto”.

“Sin embargo, había un dilema. En muchos de estos actos, la mayoría discursos, la asistencia de público podía ser de sólo un cincuenta por ciento. Aunque la mayoría se sientan cerca del escenario, hay un número significativo de personas que deciden sentarse en la parte posterior. Cuando está lleno, se necesita delay. El dilema era: si el recinto está medio lleno, ¿dejamos el delay activado y echamos a perder la inteligibilidad, o lo apagamos y todas las personas en las localidades más distantes se quedan sin oír nada? La respuesta era un sistema más grande y quizá uno que pudiera estar funcionando todo el tiempo. Probamos esa combinación un par de años, SAVI nos ayudó mucho. Había llegado el momento de la tecnología punta y nos decidimos por experimentar: presentamos varios sistemas diferentes alquilados en fines de semana específicos durante la temporada de verano. Un sistema destacó por encima de los demás y todos los que lo utilizaron dijeron que era su favorito: un arreglo lineal de la Serie J de d&b. Lo que hacía que fuera el más adecuado era la eliminación de la situación de delay que he comentado. Pudimos librarnos de esos delays del sistema anterior y la Serie J podía llegar a la mayoría de las zonas de asientos. Sí, seguía habiendo algunas áreas que necesitaban delay, pero las abordamos de un modo mucho más local y específico con Q7s de d&b punteados alrededor del techo a unos metros del borde, donde pudimos presentar la solución adecuada.

Como he indicado en la introducción, esta es una historia de muchos hilos que se entrecruzan, y no hay que olvidar la influencia de la Sinfónica de Boston y de su Jefe de Sonido, Steve Colby. Su contribución a la evolución del diseño del sistema instalado provisionalmente se basaba en una combinación de experiencias: con más de treinta y cinco años como ingeniero de sonido principal para la BSO, participa en las actividades de Boston Pops que se llevan a cabo fuera de Tanglewood y durante la temporada de verano en varios actos dentro del sistema de cobertizo de Tanglewood para los conciertos Boston Pops y el Festival de Jazz, que se hace en la sala Ozawa. “Como ingeniero residente del Festival de Jazz, lo que más aprecio es una buena cobertura uniforme que también proporcione una fuerte sección direccional para los intérpretes”, explica Colby. “Las transiciones uniformes a través de los puntos de crossover en el intervalo vocal y un sistema PA con atributos fáciles de ajustar y herramientas instaladas en los amplificadores: todo esto es por lo que considero a los sistemas de d&b perfectos para ambos recintos”.

“Como en la sala Koussevitzky, primero pusimos un sistema temporal en la Ozawa”, explica Weirich. “Una vez más, volvimos a empezar con la Serie C de d&b: el espacio para el refuerzo de sonido es estrecho y, sinceramente, la Serie C es físicamente grande, por eso, cuando d&b desarrolló la Serie Q, vimos la oportunidad ideal de replantear el diseño del sistema. Como le pasa al Dr. McKinnie, parece que Tanglewood se te mete bajo la piel y nuestro ingeniero de sistemas Dave Harris ha hecho de la sala Ozawa "su" sala. Es un diseño pequeño pero complejo, con altavoces Q7 en cada nivel de presión para los asientos laterales, ocho Q1s en profundidad hacia la sala principal y Q7 hacia la parte posterior, con torres adicionales de Q1 y Q-SUB fuera en el césped”.

“SAVI se ha convertido en el contratista para las necesidades de audio de las temporadas de Tanglewood”, concluye Colby.

“Como tal, he colaborado en muchos proyectos con ellos a lo largo de los años, incluyendo instalaciones más grandes donde yo era el diseñador y hacíamos muchos proyectos de "sistema PA del día" para la BSO. Para recintos más grandes y actuaciones al aire libre que forman una parte muy importante de las actividades de gira de los Boston Pops, d&b también es el altavoz de nuestra elección”. Tanglewood celebra su 75 aniversario este verano.

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